Domingo, 20 de septiembre de 2020

un intento mas trabajado que conseguido

Fuenteovejuna, el primer estreno de una ópera en Oviedo

Nada menos que uno de los dramas cumbres del teatro mundial, tanto por abordar el fenix de los igenios de las letras españolas el tema del sujeto colectivo como base de su construcción dramática, como por adentrarse en otro asunto que era motivo de disquisiciones profundas en aquellos tiempos: el honor. Por tanto éste último no es desarrollado a la manera de las versiones revivalistas del siglo XIX donde aparece ya casi vaciado de su sentido original, sino como categoría transcendente de la dignidad del ser humano. Es, además, reivindicado en la obra de Lope en femenino a diferencia de su coetáneo Calderón en el Alcalde de Zalaméa donde es el hombre quien apela su dignidad ontológica como persona creada a imagen y semejanza de Dios.

El empeño del autor escoger tan exigente obra a fin de musicarla es digno de encomio. Su autor musical es Jorge Muñiz con raíces asturianas aunque nacido en Alemania, el adaptador del texto es el ovetense Javier Almuzara, juntos como manifestara públicamente Jorge Muñiz trabajaron cuatro años para dar forma a este arduo reto.

Con el oído presto a acoger nuevas sensaciones sonoras y el intelecto abierto a la "creación", "quizá se utiliza con demasiada ligereza esta palabra ya desde el siglo XIX, e "in crescendo"- acudí la pasada velada al Campoamor. Reconozco que experimenté un huracán de sensaciones, no todas placenteras, y la menos placentera es reconocer el esfuerzo que después de escuchar la composición tengo que hacer para recordar no solo la totalidad de la obra sino para diferenciar sus fragmento y colocarlos ordenadamente en la secuencia temporal en la que nos fueron ofrecidos, experimento la sensación de esos sueños que al despertar nos es difícil recordar y que según transcurre el día se nos van borrando incluso contra nuestra voluntad.

Después de esta terrible confesión trataré de explicar como se proyectó en mí esta nueva experiencia. A la salida escuché el típico comentario de que había que abrirse a lo nuevo, a la creatividad, sin embargo, muy al contrario resonaron todas las músicas del ya pasado siglo XX, mezcladas las "cultas" y las "ligeras" con un gran predominio del mundo americano tanto norte como sur.

La primera parte, en la que se representó el acto I fue decepcionante, escuchamos reminiscencias que iban de Britten, en el desgarro del canto-recitativo, a recuerdos del Jazz con evocaciones del blus, pasando por Mancini, hasta una especie de "ostinati ritmicos" que entiendo que la musicóloga, Maria Encina Cortizo, estima como un guiño al texto de referencia por ser "característicos de la música barroca, época del autor del texto". Sea, sólo puedo decir que a mí me produjo un notable desasosiego quizá debido a un excesivo recurso a la síncopa en el desarrollo de su lenguaje musical y por el contrario no percibí ninguna sugerencia especial, si que puedo añadir que algunos recitativos me evocaron a la zarzuela   de la primera mitad del siglo XX

La segunda parte de la función, en la que se agruparon los actos II y III creando un evidente desequilibrio en las duraciones, cuya justificación posiblemente resida en la voluntad de no cortar toda la secuencia narrativa que en estos dos últimos se establece. Comencé asistiendo a la misma sucesión de reiteraciones que en el I acto, pero en el dúo de Laurencia y Mengo el autor logra un momento de inspiración que tuvo continuación vertiginosa  en el postludio, a orquesta sola, en la que el clarinete interpreta "una melodía amplia, cromática y ascendente"  luego desarrollada por la cuerda que sin duda es lo mejor de toda la partitura. Después en la boda de los protagonistas se asiste a una mezcla de "recuerdos" que discurren desde West Side History, pasando por los ritmos caribeños del merengue, la salsa, el bolero y la habanera en la voz del personaje de Mengo "otro momento de belleza que no de creatividad- hasta desembocar en una muy bien articulada frase orquestal con la percusión como climax que describe de una manera brillante el vendaval que asola al pueblo con la violenta irrupción del comendador.

La inspiración se interrumpe a continuación, el aria de Laurencia, sobre uno de los discursos más estremecedores en boca de una mujer de toda la historia de la literatura, se transcribe con sólo una serie de agudos y "fortes" que ni logran la intensidad de un Peter Grimes ni de un Jenufa, por citar dos obras cuyos ecos parecen resonar, ni el profundo abatimiento solemne del último Verdi por citar un clásico del género aunque su impronta haya brillado por su ausencia, simplemente no fue capaz de encontrar ni el ritmo, ni el tono, ni la coloración, ni el rúbrica orquestal que trozo tan eximio exigen. Lo mismo pero aumentado puede decirse de la llamada a la venganza de Esteban.

En la parte final con la revuelta popular cobra protagonismo el coro y el compositor parece encontrar otro momento de inspiración.

Me llamó la atención que el público creyera que la obra había terminado antes de la intervención de la justicia ¿Es que una parte importante del auditorio no conocía el texto original?  Porque si de verdad se conoce no es posible pensar que el compositor se permitiera la "licencia" de omitir aquella parte que da origen al título y a la intención de todo el drama. El director de orquesta intentó solventar la situación haciendo saludar a los maestros concertistas. En definitiva estamos ante una ópera más de estas primeras décadas del siglo XXI que no ha sido capaz de sacudirse la pesada carga que la ideología romántica -de culto a la innovación, a la modernidad y a la "transgresión" de toda norma estética del pasado como criterio máximo de calidad y talento-, asoló el siglo XX al tiempo que alzó lo nuevo a categoría de máxima excelencia, de tal manera que aún en círculos "ilustrados" oímos decir a menudo que estamos ante algo completamente novedoso y moderno, tan sólo por pertenecer a las corrientes estéticas que abarcan desde el final del siglo XIX a la totalidad del XX, aunque ya cuenten con más de un siglo de historia y de incontables y repetitivas versiones.

En cuanto al libreto, respeta el argumento del original en su esencia pero resulta pobre la versificación, excesivamente prosaica con un lenguaje falto de belleza o ritmo.

Hay un asunto que no puedo discernir por faltarme información pero no he escuchado ninguna queja por parte de ambos autores y es la puesta en escena. No comprendo que si se elije una obra del siglo XVII de forma deliberada y se escriba un libreto que respeta con fidelidad el texto se permita el cansino por repetitivo traslado de época, qué sentido tiene en esta ocasión si es que lo tiene en alguna, porque si se quería situar la obra en nuestros días era bien fácil se elige una obra de un autor contemporáneo o la escribe el propia Almuzara, pero si la voluntad es volver la vista a nuestra historia más gloriosa porque hacer pasar al público por contradicciones como que se utilice el rabel en nuestro siglo, porque la intemporalidad no es asumible, las referencias estaban clara tanto en la vestimenta como en las omnipresentes torres de alta tensión, o la constante alusión a la honra de las mujeres, algo ininteligible para la mentalidad moderna, si a eso añadimos el recurso a lo más vulgar y soez tanto en movimientos como alusiones en el primer acto nos encontramos con un verdadero canto a la fealdad -no está reñida la humildad con las buenas maneras la elegancia y la belleza- que recorre de principio a fin la puesta en escena con momentos de particular ensañamiento como rebozar en sangre a Laurencia que más parecía estar participando en la matanza del cerdo, siendo ella la victima que en la represión del tirano o la obsesión por mostrar en ropa interior tanto a los cantantes como al coro cuando no todas las anatomías resisten ese envite o la escena de la bañera -¿desconoce el escenógrafo que el baño en el XVII era práctica poco frecuente por las dificultades incluso para los poderosos? Encima en una bañera de patas artefacto que hizo su irrupción en la historia a fines del siglo XIX en la que además aprovecha para insinuar un desnudo, que no fue tal, del comendador. También se dice que viene de guerrear con los moros, cabe mayor anacronía, en tal caso sería contra el DAESH pero Almuzara no cambia la frase lopiana. A esta sucesión de despropósitos se añade la escenificación de la boda como boda gitana, no alcanzo a desentrañar el significado. Sólo me pareció un acierto el recurso cinematográfico para evocar las situaciones más brutales, aunque no entendí la alusión del primer acto con las imágenes de Laurencia y el comendador en una cama.

Me pareció una paradoja que cuando el alcalde y padre de Laurencia, Esteban, logra convencer al pueblo para levantarse contra el tirano se escoja el símbolo del puño alzado signo identificador de la izquierda, especialmente la comunista quien protagonizó las mayores tiranías de la Historia. El comendador oprimiendo a los campesinos podría ser fiel trasunto de Lenin o de Stalin feroces opresores de los campesinos rusos a los que condenaron a millones de ellos a morir de hambre y aquellos que osaron levantarse fueron cruelmente masacrados. Si a esto añadimos que el comendador se transmuta en militar de absoluta contemporaneidad con sus fuerzas especiales pero a sus uniformes se les endosa la cruz de Montesa parece que una cierta ideología muy alejada del espíritu de la obra y "pelín" oportunista dados los tiempos que corren, se desliza por toda la apuesta escenográfica.

En cuanto a los intérpretes que defendieron en escena la obra hay que decir que lo hicieron todos ellos con dignidad y acierto destacando de entre todos Juan Antonio Sarabia en su papel de Mengo el más destacado por la belleza y colocación de su voz de tenor ligero, recordando la voz de los contratenores pero sin recurrir al falsete y la claridad y limpieza de su fraseo

También destacó Francisco Crespo como Esteban con un papel difícil basado en el parlamento, sin caso línea melódica, con graves muy profundos, de problemática emisión de los que salió airoso, quizá faltó algo de potencia.

Laurencia desempeño su papel con solvencia voz poderosa aunque carente de armónicos y gran poderío dramático aunque en algunos "glissandos" estuvo poco afinada

Damián del Catillo dio vida a un comendador bien timbrado seguro de sus posibilidades y con oficio

El Frondoso de José Luis Sola fue el lado menos conseguido de la interpretación forzando la voz para conseguir un sonido contemporáneo y expresivo que en varias ocasiones topó con las limitaciones de su propio instrumento.

El Coro estuvo mejor que en otras ocasiones alzándose con en protagonismo en los últimos cuadros del III acto con acierto y pasión bien resuelta

La OSPA,  bajo la batuta de Santiago Serrate, estuvo al nivel que nos tiene acostumbrado y el director hay que reconocer  que se dejó la piel para conducir al más alto nivel y "con passione disparata" la obra encomendada.

Cosima Wieck


Comentarios

Por Dardo 2018-09-12 14:57:19

«...o la obsesión por mostrar en ropa interior tanto a los cantantes como al coro cuando no todas las anatomías resisten ese envite...» Señora Wieck, este ramalazo de "gordofobia" está de sobra, la verdad.


Por Martin Parks 2018-09-11 00:47:07

Leer una crítica sobre una nueva creación artística siempre es interesante, pero ya que se critica una obra de arte se debería al menos revisar lo que se escribe, porque lo mínimo que cabe exigir al texto es un mínimo de corrección lingüística. Este texto está repleto de faltas de ortografía, de errores de sintaxis y de frases en las que faltan verbos o preposiciones. Me ha costado terminar de leerlo, ya que lamentablemente no está a la altura de lo que se critica y desde ese momento carece de cualquier interés.


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