Martes, 25 de junio de 2019

Los catalanes en la epopeya americana

   Los catalanistas anticatalanes arguyen que ellos no colaboraron en la conquista de América, que ésta quedó vedada para los súbditos de la Corona de Aragón aunque -como veremos en el presente artículo- ello no es exactamente cierto.

  Los catalanistas anticatalanes curiosamente también sufren de conducta bipolar pues, al tiempo que culpan a Castilla de los “crímenes” y del “genocidio” de la conquista americana, también lloran y atribuyen los males económicos sufridos durante los siglos XV al XVII a la imposibilidad de lucrarse con el comercio atlántico. Pero ¿en qué quedamos? No pueden culpar a Castilla de opresora y expoliadora y al tiempo lamentarse de no haber participado de la opresión y de la expoliación.

  Pero como antes decía, esa imagen, unánimemente aceptada y propalada de una Corona de Aragón y –en particular- de una Cataluña al margen de la gran gesta de la conquista y evangelización de América, es falsa y  a la que sólo puede haber llegado por un ocultamiento intencionado de la Historia.

   La participación de los catalanes en la conquista de América se remonta a los principios de la gran gesta española, concretamente al segundo viaje de Cristóbal Colón, en el que fue acompañado por un buen puñado de catalanes. También hemos de resaltar que fue en la propia Barcelona donde fue recibido el Almirante por los Reyes Católicos tras su regreso del primer viaje, por lo que la vinculación de Cataluña a la epopeya fue muy temprana. Pero como decía antes, fue a partir de la segunda expedición cuando los catalanes tomaron parte activa y protagonista en la españolización de América.  

 En concreto, el padre Bernat Boil –al que acompañaban 12 monjes del monasterio benedictino de Montserrat- estuvo al frente la misión religiosa, ostentando el cargo primer vicario apostólico de las Indias Occidentales. También iba en esa segunda expedición el padre Ramón Pané, autor del primer libro escrito en América, titulado "Relación Acerca de las Antigüedades de los Indios" y quizás el primer europeo en hablar el taíno, la lengua de los aborígenes, inaugurando la tradicional costumbre de los misioneros católicos de estudiar las lenguas amerindias para facilitar la evangelización. El sello catalán de los primeros evangelizadores se dejó notar en las advocaciones dadas a las tres primeras iglesias fundadas en América por los españoles: Montserrat, Santa Tecla -patrona de Tarragona- y Santa Eulalia -patrona de Barcelona.

  Pero los catalanes no sólo participaron en la misión evangélica, sino que también tuvieron confiadas misiones militares. Así, el ampurdanés Pere Margarit, quien ya estuvo en el sitio de Granada, fue el jefe militar de la expedición y gobernador de la fortaleza de Santo Tomás, mientras que el tarraconense Miguel Ballester fue alcaide de la fortaleza de la Concepción de la Vega Real, ambas en la isla de Santo Domingo. Curiosamente, también fue Miguel Ballester el primero en extraer azúcar de las cañas en la mencionada isla en el año 1505 y a quien debemos el nombre de la Isla Margarita.

  También merece la pena destacar al igualadense Joan de Serrallonga, lugarteniente de Colón en su tercer viaje a las Indias en 1498 y al que se cree descubridor de Terranova.

  Pero la participación catalana no sólo se produjo en primera línea, sino que también participaron desde los despachos. Ya que fue el cosmógrafo Jaume Ferrer de Blanes quien preparó la línea de demarcación entre las tierras portuguesas y españolas establecidas en el Tratado de Tordesillas.

  No podemos tampoco olvidar la participación catalana en la conquista de México, en concreto la de Joan Grau de Toloriu, mano derecha de Hernán Cortés y quien casaría con una de las hijas de Moctezuma, Xipaguazin.

  Pero no acabó ahí la contribución catalana a la exploración y conquista americana, sino que continúo protagonizando otras muchas aventuras, como la de Miguel Rifós, quien participó como lugarteniente en la expedición de 1526 capitaneada por Juan Cabot al Río de la Plata y que tenía la intención de encontrar el paso que permitiera rodear el continente y encontrar el camino a Catai. Para ello explorarán el estuario del mencionado río, remontándolo por sus afluentes: el Paraná y el Paraguay, sin encontrar el tan ansiado paso.

  Igualmente es destacado el caso del leridano Joan D Espes, conquistador de Nueva Andalucía, servicios gracias a los cuales le fue otorgada, por Capitulación Real de 1536, la primera encomienda en territorio de la actual Venezuela.  

 No podemos olvidar que, unos años después, en 1542 Carlos I promulgó en Barcelona las conocidas como Leyes Nuevas o “Leyes y ordenanças nuevamente hechas por su Magestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los Indios”.

  En ese mismo año (1542) encarga el emperador Carlos I una expedición al norte de California a Juan Rodríguez Cabrillo, durante la cual se descubrió la bahía de San Diego, las islas del canal de Santa Bárbara y la bahía de Monterrey. En la misma iba Bartolomeu Ferrer, quien se hizo cargo de la dirección de la aventura a la muerte de Rodríguez Cabrillo, y continúo más al norte hasta lo que hoy en día es Oregón.

  También en lo que hoy es Venezuela destacó el barcelonés Joan Orpí i del Pou, nombrado Teniente General de la provincia de Cumaná en 1624 y fundador de Nueva Barcelona. Conquistador de Unare y Aragua y curtido en luchas contra los indígenas y los holandeses.

  Pese a lo que comúnmente es conocido y asumido, Cataluña no hubo de esperar a los tiempos de Carlos III para poder comerciar directamente –sin pasar por Cádiz- con la América española, ni tan siquiera hubo de esperar a la instauración de la dinastía de los Borbones. Fue con anterioridad, concretamente, durante el reinado del último de los Austrias, Don Carlos II, en 1674, cuando a petición de los Cónsules de la Lonja de Barcelona, se les concedió la categoría de puerto franco y el privilegio de del envío anual de dos barcos a América. Merece la pena recoger los argumentos esgrimidos por la oligarquía barcelonesa para hacerse acreedora de tal privilegio:

  Que como ellos “eran propios vasallos que son y se nombran españoles, siendo indubitado que Cataluña es España (…)”.    

 Vamos a detenernos aquí, en el siglo XVII, pues sabido es por todos que la participación de los catalanes en el gobierno y comercio de América va a incrementarse exponencialmente a partir del siglo XVIII. Y ello motivado por la pérdida de las posesiones italianas y la acumulación de capital fruto de la Nueva Planta, medida que tanto bien produjo en la economía catalana. Estudiar el protagonismo de los catalanes en la América Española a partir de esa fecha supondría un trabajo tan ímprobo como innecesario, pues tan sabido es por todos, incluso por los catalanistas anticatalanes, que ni tan siquiera ellos lo niegan.

    Aunque como veremos al final de presente artículo, el monopolio de Sevilla (y después de  Cádiz), en modo alguno puede esgrimirse como causa del escaso aprovechamiento del comercio americano por parte de la burguesía catalana, sino que obedece a los motivos que más adelante expondrá Vicens Vives -que no yo- y que no fue impedimento para genoveses, portugueses, alemanes, etc.

     En definitiva, queda demostrado en el presente artículo que los catalanes participaron y fueron protagonistas de la conquista y evangelización de América, proyecto tan catalán como el resto de los emprendidos por el Imperio Español y por lo tanto, son tan merecedores de los loores del mismo, como de sus sombras. El Imperio Español, en cuanto tal, también fue catalán, como del resto de regiones de España, al que cada una contribuyó en función de la variable potencia económica y demográfica que tuvieron durante los 400 años de vigencia del mismo.  

  Pero no quiero finalizar este artículo sin antes abordar otra de las cuestiones esgrimidas por los catalanistas anticatalanes de hoy en día y al que sucintamente me he referido a lo largo del texto: el victimismo respecto a la imposibilidad de Cataluña de beneficiarse del comercio y del oro americano, para ello me remitiré a las palabras de Jaume Vicens Vives recogidas en su “Noticia de Cataluña”. La cita es larga, pero creo que es capital y esclarecedora:

  “Porque debe decirse de una vez para siempre, que es absurdo el lamento que tanto vuelo tomó a finales del siglo XIX respecto de la exclusión deliberada de los catalanes del comercio de América. Hoy sabemos que no hubo eliminación de tipo jurídico, sino establecimiento de un monopolio de tráfico entre España y las colonias americanas en provecho de los burgueses de Sevilla. Pero los menos versados en historia económica saben que primero los genoveses, después los alemanes y portugueses –incluyendo entre éstos a los marranos conversos- y más tarde los holandeses, franceses e ingleses supieron aprovecharse de ese monopolio para hacer pasar el oro americano hacia sus tierras sin que el gobierno de la monarquía española pudiera hacer nada por evitarlo. Si los catalanes de los siglos XVI y XVII hubieran tenido capitales, industrias y espíritu de empresa, se las habrían ingeniado para lograr el mismo provechoso objetivo que los otros extranjeros de la corona castellana. Si no pudimos hacerlos, no es porque no supiéramos; simplemente, no teníamos capitales para embaucar a los factores de la Casa de Indias, engolosinar a los mercaderes sevillanos o “convencer” a la monarquía. ¿Qué más hubieran querido los reyes de la Casa de Austria y sus ministros, aun el propio conde de Olivares, que transigir con unas demandas catalanas de apertura al comercio americano, si se les hubieran presentado, ante la perspectiva de unas bolsas bien rebosantes de plata, ellos que estaban un día sí y otro también abocados a la quiebra del crédito financiero de la realeza? Pero, precisamente en esa época, los comerciantes de Cataluña vivían de las rentas del tráfico con Sicilia, y estaban de lo más satisfecho con esa lotería ¿Pensar en ir a América? ¡Qué va! Ningún marinero se habría atrevido a capear la punta extrema de Portugal. Hasta ese punto caímos en el siglo XVII”  

   En fin, ya va siendo hora de desmontar los mitos y las falsedades que han rodeado la historia de Cataluña, que no es otra que la historia de España, para bien y para mal.

Alfonso Scruton


Comentarios

Por maximoal 2013-07-04 19:49:00

España confió en ilustres catalanes la defensa de los intereses de España. El primer catalán Juan de Borja, conde de Mayalde, nacido en Bellpuig de Lérida en 1533, la embajada de España en Portugal (1569), la del Imperio (1577), dos plazas clave en el orden internacional de la época, sustituyó (1581) a Don Juan de Borja, el también catalán, Guillén de San Clemente, quien prolongó su embajada reinando Felipe III, su representación en Inglaterra al catalán Don Gerau de Spes, (1568). Al Papado se envió (1564), como embajador al catalán Don Luís de Requesens. Pío IV, Pío V. Don Luís fue enviado como lugarteniente de Don Juan de Austria en la armada contra los turcos en la batalla de Lepanto (1567), que cambiaría el curso de la Historia. Posteriormente fue nombrado gobernador de Milán y de los Países Bajos, 1576, otra vez se volvió a confiar Roma a un catalán, Don Antonio Cardona y Fernández de Córdoba, (1590). Cinco ilustres catalanes que sirvieron lealmente a Patria en el acrecentamiento y mantenimiento del Imperio Español, Imperio que también fue obra suya. ?Embajadas y embajadores en la Historia de España?, de Miguel Ángel Ochoa Brun. Siguieron la lucha en la guerra de independencia, las dos victorias del Bruch, las primeras victorias españolas contra Napoleón, por soldados y somatenes catalanes y la bonita leyenda catalana que la canta, El Niño del Tambor: el episodio del joven pastorcillo que pone en fuga a las tropas napoleónicas con la colaboración del eco de las montañas de Montserrat. Isidre Lluçà i Casanoves, el niño de la historia, no podía combatir por su edad, pero quiere ayudar a su pueblo contra los franceses, así que toma su tambor y se pone a tocar. El eco de las montañas hace que dé la impresión que son miles de tamborileros, por lo que el ejército francés se bate en retirada. En el lugar, había un monumento, y una inscripción, seguro la han quitado, que dice: "Viajero, para aquí, que el francés también paró, el que por todo pasó no pudo pasar de aquí". Los tres sitios heroicos de Gerona Le siguió el general catalán Juan Prim y Prats que organizó un batallón de voluntarios catalanes, llamados como los "nuevos almogávares". Cuando el batallón de voluntarios catalanes desembarcó en Marruecos, Prim les arengó en catalán, recordándoles que eran el orgullo de la Patria. Prim y estos voluntarios a su mando tendrán un protagonismo decisivo en la toma de Tetuán, Prim y sus voluntarios fueron laureados por su valentía y arrojo en las batallas las de Castillejos, Tetuán y Wad-Ras. En primera los catalanes estaban en inferioridad y desmoralizados por las bajas sufridas. Prim montó en su caballo, cogió la bandera (*) y les arengó: "¡Soldados¡ Vosotros podéis abandonar las mochilas que son vuestras, pero esta bandera es de la Patria . Yo voy a meterme con ella, entre las filas enemigas ¿Permitiréis que vuestra enseña caiga en manos del enemigo? , ¿Dejareis morir solo a vuestro general? ¡Soldados! ¡Viva España! (*) No la estrellada. Y como colofón nuestra guerra civil. Hubo más voluntarios catalanes en el bando nacional que en el catalanista, para ello tuvieron que desertar del bando republicano, lo que a muchos le costó la vida, ningún catalanista deserto del bando nacional al republicano. Se portaron muy valientemente. De las tres unidades más condecoradas por su valor fueron, los primeros Regulares, los segundos el Tercio Requeté de Nuestra Señora de Montserrat y los terceros la Legión. El lavado de cerebro al más puro estilo totalitario de los niños catalanes, llevado a cabo por los separatistas en los últimos treinta años, y la asquerosa, se le podría llamar traidora a la Patria, con toda certeza, actuación de nuestros políticos, ha hecho que todo esto se olvide. Al fin y al cabo los separatistas han cumplido con lo suyo, los que se dicen políticos españoles son los que no han cumplido, faltando muy gravemente a su palabra de cumplir la Constitución y resto de leyes menores.


Por paco alamán 2013-07-04 19:01:00

muy bueno y más clarificador. muchas gracias.


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